Las ventajas del madrugar, aunque no siempre amanezca antes.

A mí me encanta madrugar, y esto lleva siendo así desde que tengo uso de razón. Sin embargo, la mayoría de la gente lo identifica con una obligación. Y ahí está el problema, porque siendo lo primero que hacemos en el día, puede condicionar muchísimo el desarrollo de la jornada.

Yo prefiero madrugar, aún cuando no tengo que estudiar, porque asisto con el cielo al milagro de un nuevo día. Adoro salir al patio, cuando estoy en casa, y tomarme el té en silencio mientras los pajarillos ahora, en primavera, van cantando su despertar.

Para los que viven en bloques de pisos y no tienen patio, les recomiendo el balcón, lo mejor que ha inventado el hombre después de la rueda, porque te permite estar en la calle con todo lo bueno de estar en casa (pelos de punta, pijama puesto, cara de malas pulgas…) y no te obliga ni siquiera a decir cosas coherentes. Y digo que se queden en el balcón, aunque sea un par de minutos mientras se calienta la leche en el microondas y observen (que no es lo mismo que ver o mirar) la gente pasar, los coches, las ventanas que ya están abiertas, las que se abren, ese verde oscuro de los árboles a los que aún no ha alcanzado la luz o el malva de las paredes aún en sombra, el olor de un nuevo día aún sin contaminar, salvaje, esperando a ser escrito…

Se trata de explotar los sentidos y de abrir los ojos ante las nuevas horas que se nos regalan, antes de que comencemos a correr y sin darnos cuenta, nos caiga la noche encima, especialmente en invierno.

Mejor aún sería salir a la calle directamente, el que pueda. A correr, a andar, o de camino al trabajo o la facultad. Sin música ni auriculares. Nosotros y la calle. Es increíble la de gente que hace todos los días el mismo recorrido sin advertir que un día simplemente dejará de hacerlo y todo pasará a ser historia y que entonces lo echará de menos, e invadido por la nostalgia lo convertirá en un bonito recuerdo que contar a los que vienen, pero… ¿ por qué no hacerlo bonito desde ya?

 El día a día y la rutina, para muchos aburridos, puede aportarnos una gran ventaja. Dado que ya sabemos cuál es el planning, podemos fijarnos en otras cosas a las que indudablemente no podríamos prestarle atención si fuera la primera vez que acudimos a un lugar o que hacemos algo. Es como conducir: una vez que dominas el coche puedes empezar a prestarle atención a las calles y sus señales. Y en este caso, no sólo a las de trafico, sino a todas las demás que también nos esperan por el camino, como la sonrisa desinteresada del niño que va al cole de la mano de su mamá o de su papá, la persona que barre y limpia la calle para los que la empezamos a transitar, el panadero con su coche repartiendo lo que dentro de muy poquito serán tostadas con aceite (¡qué ricas!), el coche que nos cede el paso o la persona que nos advierte de que hemos perdido algo por el camino y viene corriendo a dárnosla o a avisarnos.

Todas ésas son señales de que va a ser un gran día, de que ya es un gran día, y sin embargo solemos ignorarlas.

Mi propuesta es, en primer lugar, empatizar con los demás. Darnos cuenta de que todos tenemos preocupaciones que solventar y obligaciones que cumplir, y de que mi carne no duele más que la de los demás, por lo que un trato amable, en principio, se lo merece todo el mundo. Nadie tiene la culpa de lo que me pase a mí pero todos somos responsable de hacer que el día de aquellos cuyos días, a su vez, se cruzan con el mío sea un poquito mejor. Y segundo, interaccionar con el entorno. Salir a la calle con la convicción de que hoy será el día que yo quiera que sea, a pesar de las complicaciones. Las dificultades, si las hay, me darán experiencia para el futuro y los imprevistos me devolverán a la realidad de que no soy una máquina ni vivo solo en este planeta.

Empezar el día con la convicción de que, en un mundo donde nada es seguro, todo es posible, y de que esa posibilidad sólo existe si la creamos, abriendo bien los ojos, estando alerta. Con 24 nuevas horas para enmendar lo que no nos gustó de ayer, hacer lo que todavía no hemos hecho y tenemos pendiente o mejorar lo que sabemos que podríamos haber hecho mejor. El reloj está en marcha… ¿Qué haces aún aquí?

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2 thoughts on “Las ventajas del madrugar, aunque no siempre amanezca antes.

  1. A mi madrugar, no me gusta mucho, más que nada porque termino los días bastante tarde y necesito descansar, pero si que es verdad que como tengo la hora cogida del trabajo, me despierto temprano y a veces, me quedo en la cama, leo, miro cosas, incluso a veces me levanto y bueno, hago el día un poco más largo aún.

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