De los ilusos y la ilusión

Eres una ilusa, Marta. Las cosas no son tan bonitas como tú las ves. La gente ya no tiene palabra y cada uno va a su bola“, me dijeron. “Habla por tí“, pensé yo.

Yo no soy ilusa, tengo ilusión, que es distinto. ¿Quién alguna vez logró algo sin soñarlo primero? Acción, reacción. Esa es mi teoría. Lo que no podemos hacer es esperar a que las cosas vengan o cambien solas, porque no lo harán. “Cambiar solo” significa que cambiarán de la mano de otros, porque nada se mueve si no lo empujamos nosotros.

No podemos inmunizarnos contra el veneno que nos mata, porque siempre nos mata. En nuestros días me refiero a la apatía, la desilusión, la desesperanza. Nadie consiguió nada partiendo de esas premisas. ¿Entonces tengo que creer que lo que me dicen es verdad y punto? ¿Ésas son todas mis opciones? Quizás eso es lo que ellos quieren, pero no lo que elijo yo. Yo elijo expandirme, pronunciarme, contribuir.

“Tú sola no puedes cambiar el mundo”, sentenció aquella persona. Y llevaba razón. Yo sola no… pero muchos como yo, convencidos de que se puede, sí. Me niego a que me definan como parte de una “juventud sin futuro o sin posibilidades”. Y lo mismo opino de los que ya no son tan jóvenes: deberían negarse a que les digan lo que son. Uno es lo que hace, no lo que nace. Nadie nunca debe subestimar el valor de una gota de agua, porque cada cierto número de gotas, una ola choca contra una roca y la arrastra.

El único espejo en el que debemos mirarnos es en el de nuestra habitación, al levantarnos. Cuando aún no hemos encendido la televisión o la radio. Antes de salir a la calle y de que alguien, como la persona que me crucé yo, nos quite las ganas de seguir hacia adelante. Si te mueves, si actúas, si te revuelves, estás poniendo en evidencia al que no lo hace. Y se sienten ofendidos. Por eso te atacan, aunque a veces no sepamos cuál era el motivo.

Si Thomas Edison se hubiera conformado, hoy en día no tendríamos iluminación artificial. Lo que quiero decir es que los logros verdaderos, sólo se conciben como tal cuando miramos hacia atrás en la historia, en el camino. Entonces todo el mundo se apunta a la victoria, pero en el momento, este hombre, así como Graham Bell, Paul Nipkow, Fleming, Marconi o Morse, fueron unos ilusos. Se creyeron que podrían inventar un aparato que transmitiera eléctricamente la voz humana, que enviara imágenes o palabras al otro lado del mundo. Qué ilusos. Pero lo consiguieron.

Es que yo no soy una ilusa, oiga usted. Lo que pasa es que tengo ganas. Y objetivos. Ser ilusa sería esperar sentada cada día a que ocurriera un milagro. Lo que yo hago es propiciarlo, colocar las cosas de tal manera en mi vida que tengan por donde entrar las oportunidades. Porque las oportunidades no se pierden, otro las toma en tu lugar. Y las mías son mías, y pienso lucharlas con uñas y dientes.

Luchar es pelear, que no pelearse. No todas las batallas se libran encima de un estrado o en un súper despacho. La mayoría de las grandes batallas tienen lugar en sitios normales del día a día, y solos. La mía, en concreto, dura ciertas horas al día entre cuatro paredes y estoy yo contra mí misma. Nadie más. Y como yo, mucha otra gente en sus tareas rutinarias. Lo importante es que el objetivo esté claro y nuestra motivación sea incombustible, incondicional. Si yo no creyera en lo que hago, ¿cómo sería capaz de estar tantísimas horas delante de tanto libro?

Eso sí, todo en esta vida tiene un precio. Hace poco decía que creo que se puede tener todo, aunque quizás no al mismo tiempo. Ahora tengo juventud, pero me falta independencia económica. Cuando tenga ésta, probablemente venga acompañada de alguna que otra arruga. Y así siempre. Sin embargo, hay que apostar. Llega un momento en la vida en que hay que apostar: por alguien, por algo, por un lugar. Y darlo todo, porque nada que se hace a medias da como resultado algo completo.

Hay que tratar de vivir como si ya lo hubiéramos conseguido. Como si ya hubiéramos estado en el futuro y hubiéramos visto que se puede, y entonces hubiéramos decidido volver deliberadamente a vivir el día que nos toca vivir. Si no te ves tú, no esperes que nadie te vea. Si no crees tú en tí, no esperes que nadie te convenza. Porque yo no soy una ilusa, sino una mujer convencida de que si verdaderamente quieres algo, ese algo está esperando a que extiendas la mano y lo alcances. Nada es imposible, sólo hay cosas que se hacen esperar un poquito más. El experto no nace, se hace. Si crees que algo es posible, empieza a serlo.

Ve por ello, haz que pase.

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