Crónicas del “yo no puedo salir”.

 

ImagenRecién acabado el tan famoso Mayo Cordobés, con sus catas de vino, las Cruces, los Patios y la Feria, y aunque he podido escaparme a ésta última al menos un ratito, me acabo de dar cuenta de que es, sin duda, el mes en el que más veces repito aquello de “yo no puedo salir”.

Es curioso cómo, a base de repetirlo, he llegado a automatizarlo y hasta a asimilarlo. No sin un buen argumento, por supuesto. Y de esto precisamente quiero hablar, de mis razones para opositar.

Tanto ver a la gente entrar y salir hace que en algún momento te cuestiones por qué dices que no puedes y por qué se supone que te compensa renunciar a tantas cosas.

Eso si no hay alguien que directamente te lo pregunte en mitad de la fiesta y te corte todo el rollo.

Cuando paso por la calle (generalmente sobre ruedas, para robarle minutos a las horas), y veo las terrazas llenas de gente, con amigos y en definitiva, con tiempo, mi primera reacción es sentirme triste, porque yo “no puedo”.

Sin embargo, poder sí que puedo. Lleva razón, en parte, quien dice que si no lo hago es porque no me da la gana. Para ser más exactos, lo que en realidad sucede es que no debo. O sea, lo quiero, pero hay algo que quiero por encima de todo lo demás: mi aprobado.

No me mueve el sueldo, ni siquiera el status que acompaña al cargo, sino lo que sé que puedo hacer desde dentro por ayudar a los que están fuera. Tratar de que el que esté jodido indebidamente deje de estarlo o lo esté menos. Y sé que puede sonar utópico, pero las utopías son alcanzables mientras haya personas que no dejen de creer en ellas. Tengo que ser capaz de devolverle a la vida la suerte que he tenido de poder elegir.

Y como ya he dicho la frase que más digo yo en este mes, también citaré la que más escucho, aunque ésta es extensible a todo el año: “te estás perdiendo los mejores años de tu vida”. Pero ¿cuáles son los mejores años de la vida de una persona? Yo creo que estoy invirtiendo los años más tempranos de mi vida, pero no los mejores.

Los mejores años de mi vida serán, al menos en mi mente, los que yo pueda vivir en libertad y realizada como persona al hacer lo que me llena.

Hasta donde yo sé, hay vida más allá de los 23 y nadie me puede prohibir que haga todo lo que no estoy haciendo ahora cuando tenga unos años más.

Será entonces cuando me encontraré en el mismo sitio a quienes, sin preocuparse demasiado por un futuro inminente, llevan frecuentándolo todo este tiempo en mi ausencia.

Y seguirán como antes, con las mismas frustraciones pero con menos tiempo y, quizá, menos posibilidades para vivir la vida como les habría gustado realmente.

Moraleja: todo en esta vida tiene un precio y yo estoy pagando el mío por adelantado, en lugar de a plazos.

¿Por qué los hay que curran día y noche para comprarse un coche y se ve normal y luego la “friki” soy yo, si digo a lo que me dedico? ¿Por hacerlo sola, entre cuatro paredes, más de 10h al día? Pues qué queréis que os diga, cada uno tiene su sueño y el mío sólo se puede alcanzar de esta manera. Mi satisfacción al final del día estriba en el hecho de saber que estoy en camino. Y andando siempre se llega.

Distinto es el caso de los que no pueden optar (por ahora) a perseguir su sueño. 

A ellos los animo a que no se rindan y continúen luchando por lo que toque cada día, pero sin perder de vista su meta. Es en la dificultad cuando uno se topa de bruces consigo mismo, así que cuando la vida os dé tregua, devolvedle el golpe. Que aquí no hay nada escrito. Todos somos dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma, como decía Nelson Mandela.

Se trata de encontrar nuestra vocación, aquello que siempre nos hace seguir adelante, sea lo que sea.

Conozco personas que desempeñan profesiones para las que se dice que no hace falta cualificación alguna, y sin embargo ellos la tienen. Personas que convierten cada cosa que hacen en una auténtica obra de arte, por sencilla que sea. Ése es el tipo de personas que necesitamos ser: pasionales, dispuestas, capaces. Sólo dando lo mejor de cada uno tendremos la posibilidad de conseguirlo. Pero si ni siquiera lo damos todo, no esperemos que nos devuelvan mucho. No podemos olvidar nuestro verdadero poder como seres humanos: la fuerza de voluntad. Para mejorar, para protestar, para sacrificarnos, para pronunciarnos.

ImagenHay quien pone precio a sus sueños y hay quienes son capaces de pagarlo. Sin embargo, esto va mucho más allá de la renuncia a ellos. Esta gente permite que se les hipoteque como personas a un proyecto que nada tiene que ver con ellos. Y así pasan los años de su vida hasta que se les acaban: siendo marionetas en los proyectos de otros.

Yo lucho hoy para vivir la vida que quiero vivir, poniendo sobre mis propios hombros la carga que toda gran decisión lleva implícita: la posibilidad de fracaso. Pero no me importa, porque también tengo algo que otros no tienen: la certeza de saber a dónde voy.

Porque lo mío es un sí, con tilde.

Porque dime a lo que eres capaz de renunciar, y te diré quién eres.

Porque algún día todo esto será como decía el viejo juego:

por mí y por todos mis compañeros.

Imagen

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios
Estándar

8 thoughts on “Crónicas del “yo no puedo salir”.

  1. Cuanta razón tienes en lo que dices!!! Llevo días pensando una frase que me decía un señor que era como mi abuelo y viene mucho a cuento de lo que escribes. “Más vale llorar de joven que de viejo”.

  2. Ay que no te había leído esta vez.
    Los mejores años de tu vida no sabes cuáles son hasta que ha pasado el tiempo y has vivido muchos para poder decidirlos.
    Es más, no creo que éstos sean los mejores años de nadie tal y como están las cosas, al menos eso creo yo, salir más ( y no tener un duro), emborracharse y lo que quiera que la gente considere que se hace en “estos mejores años” son solo cosas de etapas que a mí personalmente no me entusiasma lo que se supone que debemos hacer.
    Así que hago otras y también me llaman rara.
    Pero tú sabes que a mí… plin!

    • Toda la razón. De aquí a unos años hablaremos de lo que está pasando ahora. El presente ya será historia y ya habremos podido distanciarnos de él lo suficiente para no sentirnos parte y poder ser, por tanto, jueces de él.
      Pero lo mejor de todo será poder echar la vista atrás contigo y perder la cuenta de los años que llevamos siendo amigas 😉

      Un besazo, blanca flor 🙂

  3. Mucho ánimo, no tengo la menor duda, que será antes que después, de que vas a aprobar. Lo digo como ex-opositor que me siento muy identificado con tus ideas. Por tu fuerza de voluntad y determinación en primer lugar, pero en segundo lugar, y no menos importante, porque eres una persona brillante. Se vé a las claras por tu forma de escribir con tu edad. Merecerá la pena, ya lo verás. Estás en lo cierto. Ya queda menos…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s