La moda: ¿opción u obligación?

Hace poco leí por casualidad un artículo que me hizo reír mucho. Hablaba de las chicas a las que no les gusta ir de compras, los salones de belleza o, simplemente, pasar más de quince minutos delante de un espejo. Y la verdad es que me sentí muy identificada, porque yo siempre he sido de las que a veces se tienen que peinar por el camino o de las que se presentan con la camiseta del revés. De las que nunca se pintan los labios porque me parece súper incómodo o de aquellas para las que el peinado de fiesta es soltarse la coleta.

Sin embargo, no me gustó para nada el título que se le había dado a aquel conjunto de líneas, que lo convertía en un texto dirigido a las chicas que no cuidan su imagen. Porque yo claro que cuido mi apariencia. Lo único que pasa es que me gusta más hacer otras cosas.

Yo no prefiero ir “mal puesta” a los sitios, pero no creo que “ir bien” sea sinónimo de pasar mil horas arreglándome. Por supuesto, también voy a comprar ropa de vez en cuando (lo de ir sin ella aún no está demasiado bien visto), pero sólo cuando me hace falta y no cuando una revista decide que todo lo que tengo en mi armario ya no va a a gustar a la gente cuando salga a la calle. Me suelen abrumar mucho las tiendas, de hecho. Porque entro con una idea de lo que quiero y al final acabo por no saber ni lo que quiero, ni lo que necesito ni lo que me gusta. Además, me supone un esfuerzo tremendo tener que ver si esta prenda “pega” con aquella durante varias horas seguidas. Yo prefiero ir a comprar el pan y volver con un bolso (además de con el pan, quiero decir) porque pasaba por la puerta de esa tienda y me he enamorado de él. Pero así, cuando surge.

Ha habido momentos en mi vida en los que incluso he intentado ser más coqueta. Porque había una voz interna que me decía que dedicar tan poco tiempo a acicalarme era hasta falta de interés por la cita a la que pretendía acudir. Hasta que han ido pasando los años y me he dado cuenta de que no, de que yo puedo querer ver a alguien y elegir leerme las últimas páginas de un libro antes que pintarme las uñas.

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Simplemente, yo no soy así. Hay cosas que me aburren y desesperan, y ya trae la vida demasiado de éstas como para, encima, buscarme yo más. Cada uno tiene que ser como quiera ser. Y punto.

Para mí, maquillarme significa disimular las ojeras y poco más, dependiendo del día. Nunca he llegado a comprender para qué sirven los mil y uno tamaños de brochas que ofertan las perfumerías. Y eso que yo pinto al óleo y entiendo de pinceles. Pero no de esos. Y menos aún, cómo se puede llegar a pagar tanto por ese tipo de artículos.

Pero oye, yo lo respeto, porque yo tengo debajo del escritorio una auténtica locura de post-its (toda clase de tamaños, colores y formas). Para gustos, los colores. Sólo digo que eso no va conmigo, no que esté mal.

Yo me pregunto: ¿tener que estar siempre divina es una decisión realmente propia? Yo, personalmente, lo dudo. Sí que es cierto que conozco personas que nacen con cierta predisposición a la estética, que disfrutan maquillándo(se) y que, además, se les da muy bien. Y eso es un arte. Pero hay otras que no lo hacen porque quieran, sino por lo que se espera de ellas. Y justo eso es lo que quiero reivindicar: el derecho de cada uno a ponerse y lucir lo que le dé la real gana.

Se ha luchado mucho para conseguir ciertos derechos y libertades como para que ahora vengan otros, que ni siquiera están legitimados para elaborar leyes, a imponernos las suyas. Hay que ser libre. Libre para pintarte como una mona (si te apetece) o para salir con la cara lavá y recién peiná, como decía Manolo Escobar.

Yo no critico a las chicas a las que les gusta la moda. Reivindico mi derecho a no seguirla y a no ser considerada por ello una mujer que no cuida su imagen.

A lo mejor estoy demasiado ocupada para hacerlo. Nadie sabe mis circunstancias ni yo tengo que intentar dejarlas a un lado a toda costa cada vez que pongo un pie en la calle. Puede que mis prioridades sean simplemente otras en ese momento. No me gusta tener que salir a la calle rezando por no encontrarme a nadie porque, encima de tener un día espantoso, no me ha dado tiempo a pintarme el rabillo del ojo.

Me encantan, eso sí, los colgantes. Tengo muchos. Pero siempre acabo llevando el mismo. ¿Lo mismo otra vez? Pues sí. ¿Qué pasa? ¿Que va a parecer que no tengo ropa? ¿Y a mí qué más me da lo que parezca?

Es decir, yo contemplo dos posibilidades: cuidar de mí misma de un modo o cuidar de mí misma de otro. Pero la sociedad parece que no. La sociedad distingue entre las que se cuidan y las que no, atribuyéndoles a las segundas la clásica etiqueta de “dejadas”.

Yo valoro la naturalidad. Poder tocarme el pelo cuando quiera y besar y que me besen a cada instante, dar abrazos o achuchones, el contacto, la vida. Me gustan demasiado todas esas pequeñas-grandes cosas como para renunciar a ellas en pro a lucir mejor durante más horas seguidas.

Lo malo de tanto producto de belleza y de tanta tienda dedicada a ello es el que yo llamo “efecto rebote”: pasas de sentirte súper mega guapa a sentirte súper mega horrible cuando te lo quitas. Y nadie merece eso. Porque cada una es lo que es, y si no se quiere a sí misma como es ¿cómo pretendemos que nos quieran así los demás?

También en el plano sexual, por qué no decirlo. Hay muchísimas tiendas de lencería fina pero yo no he visto ninguna (aunque me consta que las hay) de lencería masculina. Al menos no existen en la misma proporción que las femeninas. Parece que ellos no tienen que adornarse para gustarnos más mientras que a nosotras nos incitan a arreglar cualquier encontronazo con nuestra pareja comprándonos “algo sexy”. Y eso no debería ser así, porque no hay nada más sexy que una persona deseando pasar su tiempo, el que tiene, con otra. Sin más. Una mujer no necesita mil cosas para ser sexy porque ya lo es desde el día en que nació. Se trata de no olvidarlo.

Pero todo esto de arreglarse está bien, que conste.

Mientras no se convierta en un agobio.

Después de todo a nadie le va a importar más si llevas las uñas pintadas que una sonrisa en la cara.

Y si le importa, que le den.

Porque lo primero se compra, pero lo segundo hay que ganárselo.

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12 thoughts on “La moda: ¿opción u obligación?

  1. mafalda dice:

    Hola Marta!! precioso texto, como todos los que escribes.
    No solo nos une unas oposiciones, ahora veo que es mucho más.
    Yo soy también de las que no dedica mucho tiempo al arreglo (no quiere decir con eso que sea descuidada), pero dedicarle más del necesario no va conmigo.He ido a un montón de fiestas en las que he pensado que ponerme y me he acicalado en 10 minutos porque he preferido pasar el rato con mis hijos, o hacer otra serie de cosas
    Siempre me he considerado un “bicho raro” pues no me gusta ni ir de compras, me agobian muchísimo, soy más de amor a primera vista sin ser fechas para un regalo, si no de ” hoy por que si”; ahora eso si, me encanta regalar a los demás y engalanar el presente que de pena hasta quitarle su envoltura.
    En fin….la vida esta llena de prioridades, respeto la de ir a un evento y que a esa persona no le falte ni un detalle para deslumbrar, pero que respeten también la que fue con las uñas sin pintar porque prefirió otras cosas en su lugar.
    Hasta tu próximo post, mientras tanto, te leeré todos los días(aunque sean repetidos).
    Mil bessos y mucha fuerza.

  2. Muchísimas gracias, Mafalda!! 😊 Me alegra ver que no soy la única!! Y me halaga muchísimo que te guste lo que escribo. Eso significa que nos llevaríamos bien 👍 Ojalá algún día, cuando acabe todo esto, podamos conocernos 😊

    Un mega abrazo desde Córdoba ❤

  3. Gracia dice:

    Genial texto como siempre!!!!! 🙂 A mi, personalmente, lo que me ha ocurrido es que desde la opo, la poca coquetería que tenía en mi ha desaparecido jajaja! Mi madre siempre me riñe por no ponerme un poco mas mona cuando salgo, pero a mi me empieza a dar un poco igual, como tu dices, dejé de valorar hace tiempo esas cosas para empezar a valorar el contacto, el sonido de una voz familiar, un beso, un abrazo, una sonrisa o sencillamente una mano cuando la necesitas. Eso es lo realmente bonito de la vida! sigue asi guapaaaaa!!! muakssss

  4. Ayyyy muchas gracias guapa!!! Sí, es verdad que la opo tampoco a mí me ha ayudado, porque aún se reducen más las posibilidades. Pero lo bueno es que me ha hecho perder el miedo al qué dirán y me siento mucho más libre. 😊

    Un besazo y gracias por leerme. ¿Cómo estás tú? Muaa

  5. Samy dice:

    Menos mal que se han acabado los tiempos en los que una mujer hacía el mismo trabajo que los hombres pero sobre tacones de 15 centímetros de alto , maquillada , delgada , sonriente y como recién salida de la peluquería. Ya no se deja condicionar por imperativos sociales. Se acabo el pedir perdón por ocupar su sitio en este mundo porque ……es el suyo!. Sabe que vale por lo que es y no por lo que quieran que sea o parezca. Es auténtica pese a quien pese ,vista como vista ..

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