Yo soy yo y… mi hermana

hermana

En el mundo y a lo largo de la vida uno se cruza con muchas personas, pero sólo una me conocerá siempre mejor que yo a mí misma: mi hermana.

Llegó un poco tarde a nuestra cita en este mundo (¡¡seis años!!) pero como, total, no tenía mucho que hacer aún, la esperé. Eso sí, impaciente, porque no llegaba y yo la echaba terriblemente de menos. Y mereció la pena.

Como yo ya estaba en su vida cuando ella llegó, ella no sabe lo que es una vida sin mí. Pero yo sí sé lo que es una vida sin ella, y la verdad es que nada habría sido lo mismo.

Mi hermana es la persona que sabe cómo hacerme reír en los peores momentos. Que aunque parece algo sencillo, no lo es. Porque, primero, hay que saber cuáles son “los peores” y segundo, qué cosas son las que me harán reír sí o sí. Y eso sólo lo sabe quien me ha visto dormir y despertarme muchos días seguidos. Quien me ha visto jugar a ser mayor cuando era una niña y me recuerda cómo seguir siendo aquella niña aunque ya sea mayor.

Una hermana es esa persona chiquita que luego se hace tan grande que te faltan las palabras para describirla, aunque lo intentes. Porque todas las palabras resultarán diminutas en comparación al significado con que ella coloreó la vida.

Es una mejor amiga incombustible. La que seguro no se cansará de repetirte que eres la más mejor de todas. El alma que te falta algunos días. La pesada, la que te corretea por la casa cuando estás de mala leche porque a ella le apetece chincharte, simplemente. Pero también la que saca la cara por mí cuando ni yo misma lo haría. La que se siente aludida cuando pronuncian mi nombre. La que me ha llevado mil veces con sus amigas sin pensárselo dos veces. La que es capaz de llorar si me ve llorar a mí y la que no parará de llorar hasta que no lo haga yo.

Mi hermana es esa canción que sólo ella estaba escuchando también con papá aquella tarde. El punto de partida y de retorno. El lazo con mi pasado y la clave para mi futuro. La que fui y la que quiero ser.

Una hermana es la única persona que puede entender el enfado con tus padres sin que cambien sus sentimientos por ellos. La única con la que puedes hablar de todo con total libertad porque nunca te va a juzgar. La que se sabe la lista de tus ex mejor que tú y tiene planeado lo que le haría y diría a cada uno si se los volviera a encontrar. La única que ha aprendido más que tú de tus propios errores, aunque luego los haya cometido igual. La que sufre más que nadie con nuestros encontronazos.

Le debo tanto…

Una hermana es la propia conciencia. La voz de papá y mamá cuando ellos no están presentes. La que te recuerda aquello que a ti ya se te ha olvidado y hace que se te olvide lo que no debes recordar. La que te entretiene con cualquier cosa hasta cuando no debe. La que entra en mi sala de estudio para enseñarme un vídeo de perros y gatos para que me ría. La que me llama por teléfono para hablar conmigo mientras cada una llega a su sitio. Y la que se lava los dientes a los pies de mi cama.

Hay hermanas que son de sangre y otras que se ganan el título con el paso de los años. Hay hermanas mayores a las que hay que proteger y hermanas pequeñas que siempre serán tu protectora. Hermanas que son nuestra viva estampa y hermanas a las que no nos parecemos ni en el blanco de los ojos. Pero todas tienen algo en común: no saben negarse (aunque sea lo primero que hacen siempre).

Mi hermana es esa ladrona de guante blanco que siempre sabe recompensarme. Y también esa persona que, precisamente por lo que la quiero, sabe sacarme de mis casillas como ninguna otra. La persona cuyos problemas me aturden más que los míos propios. Aquella a la que le evitaría cualquier sufrimiento si pudiera cambiarme por ella. Mi protegida.

Ella es la compañera perfecta tanto en mitad de una discoteca como en una biblioteca. La única de la que me puedo fiar al cien por cien cuando le pregunto si me ve bien. La misma que nunca entra por esa puerta sin una chocolatina para mí.

Es mi hermana pequeña, pero lo más grande que tengo. La que llega antes de que la llame. La que me responde antes de que le pregunte.

A la que quiero por encima de todo.

GRACIAS, HERMANA.

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* Dedicado a mi hermana Clara.

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5 thoughts on “Yo soy yo y… mi hermana

  1. Zoe dice:

    Que bonito Marta.
    Me has hecho emocionarme, como siempre, pero aún mas! Porque yo también tengo una (de 6 años menos, casualidad!) y no podría haberlo descrito mejor. Todo lo que se pueda decir es poco. Son lo más grande que se puede tener!
    Precioso 🙂

  2. Hola Marta.
    Me ha encantado como siempre. Yo también tengo una hermana pequeña con la que tengo mucha complicidad y siempre hemos estado muy unidas.
    Evidentemente, la vida nos ha cambiado mucho a las dos y con las diferentes responsabilidades propias de la edad, echo de menos esos momentos de confidencias de los que disfrutábamos. Pero sin ninguna duda, tener una hermana que a la vez sea tu amiga, es un tesoro.
    Como bien dices luego están las que no son de sangre, esa que se ha ganado el título porque me conoce mejor que yo misma y a la que quiero como si lo fuera. La verdad es que somos afortunadas, al menos yo me siento así, por tener a estas farolas que iluminan mi vida. Besos. Clara.

    • Sí. Somos realmente afortunadas, Clara… ¡una familia es tan importante! ¡aunque no siempre compartamos lazos de sangre, pero tú me entiendes! 🙂
      Me alegra infinitamente que algo que he escrito desde mi corazón haya llegado también al tuyo. Gracias por hacérmelo saber, y por leerme siempre 🙂

      Un mega beso!!! ❤

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